Salvados por Jesús

En un día como hoy, en la región oriental del planeta,  nació un niño que daría significado a las acciones buenas, a la esperanza y a la fe en Dios.
Ese hombre  recibió un nombre que es sobre todo nombre que se nombra en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra. Porque su nombre define su persona: Rey Salvador .
Sólo hay un rey, sólo hay uno que salva, y ése es : Jesús el Cristo.
Prometido a los elegidos, desde el principio, Jesucristo, vino a cambiar los tiempos, a romper yugos y a atraer a sí mismo, a todos los hijos de Dios.
Con su vida sin pecado, su sacrificio en la cruz del Calvario, su resurrección de entre los muertos, Jesucristo se coronó como Rey y Señor de todas las cosas creadas.
Por tal razón se constituyó Juez ejecutor de toda la creación, por lo que su designio es ley, sus edictos se cumplen y su justicia se imparte.
Porque su justicia y dominio son verdaderos, se convirtió en Redentor de todos aquellos que creen en El  y su Reino. Y su Gracia acoge a todos los que le aceptan como único Salvador .
De igual manera su ira, juicio y condena contra aquellos que le rechazan.
Jesucristo vino a impartirnos del conocimiento de la verdad, y este conocimiento es que el hombre es pecador.
Por eso los que aceptan la Justicia de Jesucristo, lo hacen  en base a que saben que su naturaleza  humana es corrupta y vendida al pecado y sobre la cual el juicio Divino ha sido dado.
Por eso los que tienen Salvación , la tienen sólo por la Gracia de Dios.
Por la misma razón estos salvos,  elegidos para creer y ser salvos desde antes de la fundación del mundo, esperan vehementemente con esperanza  el día de El Señor, en el cual verán cumplidas todas las promesas de Jesucristo.
Es en ese día y no otro, en el cual serán revestidos con un nuevo cuerpo, uno que ya no tiene relación con el pecado y la condenación.
Mientras esperan, los elegidos, pasamos por esta vida, aborreciendo el mundo, aborreciendo las obras de los hombres impíos, aborreciendo la vanagloria de este mundo, aborreciendo la soberbia, la violencia y la impiedad.
Rogando a Jesucristo, el Padre Divino, que nos libre del mal, pues la humana condición es imperfecta e inclinada a este mundo y al mal.
Mientras esperan los salvados por Jesucristo, viven una vida de renuncia al mundo, a sus deseos, a sus placeres, a sus engaños y a sus falsas riquezas, huyendo de sucumbir a tener parte en las esperanzas de un paraíso terrenal, y caer presa de sus engañosas luces y a su ficticia y destructora felicidad.
Los salvados por Jesús, no estiman aun preciosa su vida, si se trata de cambiarla por la vida eterna con Jesucristo.


LA AUTORIDAD DEL CREYENTE


Si hay algo que Dios le dio a los escogidos, es autoridad. Pero no la autoridad sobre los demás hombres, o en específico sobre otros que profesan la fe, puesto que la base del cristianismo avanza sobre los rieles de la igualdad y sometimiento muto que es respeto y consideración.
La autoridad que Dios nos ha conferido es sobre el engaño de Satanás. El diablo desde el principio, con Adán y Eva, tomó control del hombre por medio de la mentira y la ilusión. Convenció al hombre de que debía de mejorar su estado,
 ¿No le parece que la ansiedad, estrés, y afán, todos destructivo al hombre, son efectos directos producidos por haber caído esclavizado bajo la tentación — entiéndase ilusión vana y engañosa —?
La capacidad de fe que nos fue dada por Dios, nos concede llamar las cosas que no son como si fuesen.  Esa fe en Jesucristo, en Su Gracia y en su Autoridad sobre todas las cosas, nos da también autoridad sobre los demonios, los elementos naturales y las fuerzas del mal.
Esa fe es parte del nuevo nacimiento, esa fe es conocimiento de la verdad, por lo que nos es escudo contra los embustes del enemigo.
El adversario de Dios, está limitado por Dios, para ejercer su engaño. Sin embargo esto no significa que no cese en su cometido. La apostasía, que está profetizada como un hecho que  tendrá lugar al final de esta era, es un claro ejemplo de cómo este ente del mal está laborando.
La Biblia nos dice que Satanás es engañador de las naciones  - mundo -, su sutileza y su conocimiento hacen posible que el hombre caiga bajo su dominio. Sólo los nacidos de Dios pueden vencer al diablo, rechazando sus ofrecimientos y resistiéndole para que huya de nosotros.
 Jesucristo ató al hombre fuerte que tenía cautivas las naciones, en el desierto, cuando llego a tentarlo. Desde entonces, todos aquellos que creen en Jesucristo tienen el poder de distinguir entre la verdad y la mentira, lo genuino y el engaño, y escoger lo verdadero y lo genuino. Rechazando la mentira, y rompiendo  el lazo del cazador. Esa es la autoridad que el Señor dio a su Iglesia.



Afán


Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.
Filipenses 4:6
Pablo apóstol de Jesucristo, nos exhorta a través de la carta escrita a los hermanos  Filipenses, a que no estemos afanosos por nada. Siendo que la vida del hombre en el planeta está atada al afán, debemos preguntarnos a qué específicamente se refería el apóstol.
Estoy seguro que Pablo, entendía y aplicaba las palabras del Maestro:
Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?
Mateo 6:25
Está claro que si en lo esencial para la vida que es el alimento y el vestido, no debe de preocuparnos, entonces: ¿En dónde queda todo lo demás? , bueno pues el apóstol lo explicó:
“Por nada estéis afanosos”
Una vida perfeccionada en la confianza en Dios, basada en el llamado de la fe cristiana a renunciar a todo, está libre de afanes.
Recordemos  lo que afán significa: “ansia o deseo intenso de conseguir algo.”
Por eso es que Pablo recomienda que ante todo deseo intenso por conseguir algo, lo mejor es venir delante de Dios en oración, en ruego (y aquí enfatiza) con acción de gracias.
Dios nos ha llamado a vivir una vida de agradecimiento.
 Recordemos que el agradecimiento del creyente se basa en conocer que Dios nos eligió para ser salvos, y esto por gracia, o sea gratuitamente.
 El creyente sabe que todo en el mundo es vanidad, y que lo verdadero e imperecedero es la herencia de los hijos elegidos de Dios.
 La vida eterna es lo que Dios nos ha dado como premio, por eso el creyente es agradecido, por la elección, por la salvación, por Jesucristo, y por esa misma razón no tiene sentido estar afanados por cosas perecederas, siendo que además esto denota desconfianza en la capacidad de Dios de proveernos de los que necesitamos.
La razón por la cual no debemos afanarnos es  porque el afán actúa  como un elemento impermeable, afectando al corazón del hombre, y  no permite que el agua de la palabra de Dios riegue sus mentes.
“…pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa.”
Marcos 4:19
Cuando una persona se afana por cualquier cosa en esta vida, está reduciendo su capacidad para oír la voz de Dios, de entender su voluntad y de someterse a ella.
Basta ver el mundo en que vivimos y darnos cuenta, que el enemigo sabe muy bien el efecto que el afán produce en el hombre, este efecto le deja a merced de las maquinaciones satánicas, pues el hombre está desapercibido de el real peligro, ignorando la voz de Dios a causa de sus intensos deseos de conseguir cosas materiales, riqueza o fama.






Saduceos

Y Jesús les dijo: Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos. Mateo 16:6 

 En la sociedad que vivimos, hemos sido enseñados a estar alerta para no ser contaminados por tendencias que son del tipo de los fariseos de los tiempos de Jesucristo.

Estoy convencido que incluso personas que no son religiosas, usan la frase: “fariseo” para acusar defectos de creyentes que en su criterio son hipócritas. 

Ciertamente en el Nuevo Testamento los fariseos son descritos como de criterio estrecho, fanáticos, y hasta cierto punto, hipócritas.

Datos históricos nos enseñan que eran numerosos y populares en los tiempos de Jesús, y pugnaban por la tradición sobrenatural y la exactitud ceremonial. Las personas que tienen un espíritu farisaico, son por excelencia exhibicionistas, ególatras e hipócritas. Pues se presentan como santos, por medio de sus obras, que hacen para ser vistos, no para evangelizar al mundo, sino para presentarse ellos como el centro, usando como excusa el cristianismo. 

Debido a que los fariseos eran estrictos en sus formas, la generación contemporánea, se confunde pensando que dedicarse a una vida inclinada a la santidad es un tipo de fariseísmo. Pero buscar mejorar nuestro hablar, nuestro vestir, viviendo una vida separada de los deleites y engaños mundanos, no tiene nada que ver con el exhibicionismo religioso que Jesús condenó en la secta de los Fariseos. 

Lo pernicioso de este hecho se manifiesta, cuando los que hacen énfasis en no ser “fariseos”, lo hacen no tanto porque entiendan la gravedad de lo que ese tipo de levadura hace al espíritu del hombre, sino porque ellos mismos son portadores de la levadura del otro grupo que Jesucristo, de igual manera, señalo como nocivo: me refiero a los saduceos. 

Los saduceos surgieron durante el segundo siglo antes de Cristo. Simpatizadores de las culturas griega y romana, representaban el liberalismo político y religioso. Su racionalismo los llevaba a negar la resurrección y la providencia divina, a rechazar toda la tradición y a exagerar la libertad de la voluntad humana. Hoy día las congregaciones auto llamadas modernas, son un vivo ejemplo de los saduceos, hacen todo lo que el mundo hace, brillan como el mundo, no como cristianos, usan de razonamientos humanos en vez de tomar las Escrituras como texto exacto de la Verdad de Dios. Son justamente los saduceos modernos los que llevan en su ADN el espíritu de la apostasía.

Si los fariseos usan de metodología estricta, los saduceos son libertinos, quienes no respetan sino el satisfacer la voluntad humana antes de someterse a los lineamientos de Dios. 

Recordemos que Jesús nos exhortó a no contaminarnos con ninguna de estas tendencias : Fariseos y Saduceos.

Mayor es Dios

Porque yo sé que Jehová es grande, Y el Señor nuestro, mayor que todos los dioses.
Salmos 135:5
En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y éste es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo. Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo. Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye. Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error.
1 de Juan 4: 2 – 6
En la antesala de su famoso discurso sobre el amor, Juan, hablando a la Iglesia universal de Jesucristo, nos recuerda que Dios es mayor que toda circunstancia y que todos aquellos hombres que son recipientes del espíritu del anticristo.
Como un contraste sobre nuestro deber de amar, el apóstol nos recuerda que en Cristo ya hemos vencido a los hombres que no solamente se oponen contra nosotros, sino que nos atacan. Ante tal escenario la respuesta de Juan: Mayor es Dios, y este está en vosotros.
 Habla el discípulo amado, de que el mundo también tiene un espíritu que les mueve, pero Dios es mayor. Ese espíritu del anticristo, se rebela contra el pensamiento de que Dios es soberano, y le da al hombre autoridad sobre las circunstancias.
Para entender el discurso sobre el amor de Juan, hay que tener muy claro, la razón por la cual exhorta al amor: La persecución. Lo que en realidad Juan hace, es recordar las enseñanzas de Jesús de amar a nuestros enemigos. Amarlos en el sentido de que no les hagamos daño, tomemos venganza y si tuviéramos la oportunidad de ayudar a alguno en un momento de necesidad, lo hagamos. La base del amor es una de entendimiento, una de misericordia, y no como muchos pretenden un derecho de los demás. El amor es un deber de cada cristiano, el amor es un sentimiento que nace del conocimiento de quien es Dios, quienes somos nosotros en Dios y el futuro de quienes le rechazan.
Así que cuando te ofendan, te traicionen, le persigan, te humillen, te ocasionen algún mal, recuerda que Dios es mayor que todos y toda circunstancia. Quiero decir que El no solo permite que pases por esos momentos para que te perfecciones, sino que Él no te ha dejado solo, Él tiene el control, aunque pareciera a tus sentidos naturales que estas solo.
Los elegidos de Dios, sabemos que Él nos salvó no por nuestras obras, sino por su amor y su justicia, pero sobre todo en ejercicio de su Soberanía. Mientras un mundo religioso lleno de su propia justicia y obras rechaza  la idea de un Dios Soberano, el Creador sigue teniendo control de todo, endureciendo a unos y fortaleciendo a sus hijos, pero siendo arquitecto de todos los caminos de los hombres.


Como si nada hubiese pasado.





La vida me ha enseñado que los tiempos no se celebran, que los años que pasan se descuentan, que los amigos verdaderos tienden a ir en singular y no en plural y que el agua no se mezcla con el aceite.
También puedo decir que veo difícil andar por este mundo por más de cincuenta años y no haber entendido que la felicidad es algo que tiene muchos significados, todo depende de lo que uno ande buscando, no necesariamente lo que uno obtenga de la vida y los demás.

En mi adolescencia aprendí lo esencial que es el dedicar mucho tiempo a la oración, al estudio personal de la Biblia; cosas que ayudaron mucho a fortalecer mi ánimo. Debido a eso mismo me inicié en la carrera de  inquirir sobre temas como la salvación, la justicia y la condenación.
Aún desde mi niñez, he visto como la vida nos da de todo: Momentos alegres, personas que me hacían ver su compañerismo, personas que tal vez sin conocerme o haberme relacionado con ellas, me inspiraron respeto, altruismo y benevolencia. Debido a que no puede alguien que ande en círculos en los cuales se lean las Escrituras y se estudie la vida de Jesucristo, pasar de lado el concepto de la Gracia de Dios hacia el hombre, puedo decir que la mayoría (sino todas) de las cosas maravillosas que me sucedieron, las consideré como algo que no me merecía.

Por otro lado la vida también nos da a todos : adversidad,  oposición y el antagonismo,  acusaciones y acciones desleales, traicioneras y violentas, que confunden, que lastiman y que por lo menos a mí, me sumían en lapsos de mediana depresión, justamente ahí, era en donde la oración era la única salida y consuelo viable a mi tristeza.
Aunado a esto último, debido a que tenía consciencia de mis yerros,  conocimiento de mi falibilidad, y el mismo desencanto de mis debilidades, hicieron de mis años de juventud, un lago de agua dulce y salada a la vez. 
Aunque caí en repetidas ocasiones en la necedad de querer complacer a todos, de caer bien a los demás, como si fuese mi responsabilidad los estados de ánimo de todos. Y digo necedad, pues el mejor camino a la agonía y el dolor, es tratar de estar bien con todos y esperar lo mismo de los demás. Después de muchos años tuve que desistir de tan infructuosa y peligrosa empresa.

Puedo decir, que desde entonces hasta ahora, la vida sigue siendo igual. La única cosa que cambió por completo mi estado de ánimo, fue el hecho de haber podido percatarme de cómo funciona la gracia de Dios.
Porque, al principio en medio de mi desarrollo en Dios, la religión se levantó como un enemigo, tratando de destruir mi caminar, con doctrinas de hombres, que atentaban contra la verdad, contra mi bienestar, contra Dios mismo.
Pues la religión quería que yo creyese que la salvación dependía de mí, que las obras que yo hiciese eran las que me justificarían, que “mi perfección” iba a ser mi vindicación. Pero la voz de Dios era otra, su voz me decía cuan indigno y pecador era yo, me susurraba en momentos de dolor la grandeza de su amor, que no importaba que yo hubiese estado muerto en delitos y en pecados, su elección me resucitó, me dio vida para que anduviese yo en ella.

Pasaron muchos años, perdí muchas cosas, pasé muchos dolores, pero un día en su misericordia, el mismo Señor se dignó a abrir los ojos de mi entendimiento para que me diese cuenta de que nadie puede venir a Jesús, sino es porque el Padre así lo establezca, que nadie puede nacer de nuevo, sino por la voluntad única del Dios Todopoderoso.

 Que la vida nueva proviene de arriba, que la nueva creatura, no se creó a sí misma, sino que le fue dada espíritu de vida de parte del Dador de la Vida.                     
 Que las decisiones que uno toma, siempre están bajo la soberanía de Dios, las circunstancias que en diferentes épocas nos rodean, de igual forma están bajo el gobierno de Dios.                                                          
 Que no hay absolutamente nada que no se mueva por la mano de Dios, y esto claro está, nuestro ser material no lo entiende, aunque el espiritual lo intuye.
Desde entonces, mi felicidad quedó anclada a la esperanza. A la promesa de Jesús de un futuro sin dolor, sin lágrimas e incertidumbres, sin la presencia de mis yerros, sin el desencanto de los antagonismos. Fue en ese instante cuando el dolor propio del planeta Tierra, se volvió como una ofrenda a Dios, en donde el rechazo de los que se auto justifican en sus obras se constituyó en parte de mi corona.
Porque todo lo que perdí, lo encontraré en aquel lugar, en donde no hay ladrón que lo hurte, ni polilla que lo destruya.

Fue en la cruz de Cristo y no la mía, cuando nació mi esperanza.

Hoy por hoy, sigo siendo el mismo, un hombre lleno de debilidad, que comete errores, pero tengo algo que ha cambiado: Dios me ha dado vida. Pues aunque mi carne sigue viva, un hombre nuevo ha sido creado, uno que está en espera de salir de este cuerpo de miseria, para adoptar un cuerpo nuevo en el día del Señor.

Hoy día vivo en la carne, como si ella estuviese muerta: Que si no me gustó esto, que si no pude hacer aquello, que si alguien me desprecia, que si alguien me traiciona, ya no tiene fuerza que mine la nueva vida. Ya no vivo para el qué dirán, ya no vivo para ser popular, sólo vivo en esperanza en la que no importa el dolor de esta vida, la aflicción de la vanidad, pues  por la Gracia Inmerecida estoy vivo, como si nada hubiese pasado.
Victor Piedra.
 Como si nada hubiese pasado.

6 de enero de 2014

Salmo 7

1Jehová Dios mío, en ti he confiado; Sálvame de todos los que me persiguen, y líbrame, 2No sea que desgarren mi alma cual león, Y me destrocen sin que haya quien me libre. 3Jehová Dios mío, si yo he hecho esto, Si hay en mis manos iniquidad; 4Si he dado mal pago al que estaba en paz conmigo (Antes he libertado al que sin causa era mi enemigo), 5Persiga el enemigo mi alma, y alcáncela; Huelle en tierra mi vida, Y mi honra ponga en el polvo. Selah 6Levántate, oh Jehová, en tu ira; Alzate en contra de la furia de mis angustiadores, Y despierta en favor mío el juicio que mandaste. 7Te rodeará congregación de pueblos, Y sobre ella vuélvete a sentar en alto. 8Jehová juzgará a los pueblos; Júzgame, oh Jehová, conforme a mi justicia, Y conforme a mi integridad. 9Fenezca ahora la maldad de los inicuos, mas establece tú al justo; Porque el Dios justo prueba la mente y el corazón. 10Mi escudo está en Dios, Que salva a los rectos de corazón. 11Dios es juez justo, Y Dios está airado contra el impío todos los días. 12Si no se arrepiente, él afilará su espada; Armado tiene ya su arco, y lo ha preparado. 13Asimismo ha preparado armas de muerte, Y ha labrado saetas ardientes. 14He aquí, el impío concibió maldad, Se preñó de iniquidad, Y dio a luz engaño. 15Pozo ha cavado, y lo ha ahondado; Y en el hoyo que hizo caerá. 16Su iniquidad volverá sobre su cabeza, Y su agravio caerá sobre su propia coronilla. 17Alabaré a Jehová conforme a su justicia, Y cantaré al nombre de Jehová el Altísimo

Lucas 6:26

¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros! porque así hacían sus padres con los falsos profetas. Lucas 6:26
Debes de entender que contar con la aprobación del mundo, es señal de que vives de acuerdo a las normas del diablo, no las de Dios. Lo que sucede es que Satanás ha logrado “vender” la idea de que el cristiano debe ser un tipo de persona que sea “agradable” al mundo, pero esto es sólo con el fin de arrastrar al creyente a caer en la trampa de la vanagloria de la vida, incitando a necedades e ideas del hombre exitoso, orgulloso de sí mismo, popular a quien la vida le sonríe.
Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros. Mateo 5: 11-12
¿Sabías que sufrir persecución y oposición por el hecho de ser cristiano es motivo para que te sientas feliz? ¿Por qué?, te preguntaras, bueno:
Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría. Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros. Ciertamente, de parte de ellos, él es blasfemado, pero por vosotros es glorificado.  Pedro 4:12 – 14
Es parte de ser cristiano el sufrir oposición, ya que la posición que sostenemos es contraria a la corriente del mundo, y este se siente vulnerable y atacado, cuando se topa con creyentes que no aceptan las filosofías humanistas y huecas sutilezas implantadas por hombres que se recrean en el engaño y el error, cuyo entendimiento está contaminado por su ego y viciado conforme el mundo.
Por lo que a persecución es prueba de que el enemigo y su mundo están furiosos contigo porque sirves al único y verdadero Dios.
Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han sucedido, han redundado más bien para el progreso del evangelio, de tal manera que mis prisiones se han hecho patentes en Cristo en todo el pretorio, y a todos los demás. Y la mayoría de los hermanos, cobrando ánimo en el Señor con mis prisiones, se atreven mucho más a hablar la palabra sin temor. Filipenses 1: 12 - 14
Pero como creyentes debemos saber que en nuestro dolor, afrenta y vergüenza, hay fruto de parte del Señor.


Todo buen cristiano debe entender que el hecho te le estén vituperando a causa del nombre Cristo, es una buena razón para sentirse feliz.

Lucas 17 : 32 - 3


Acordaos de la mujer de Lot. 
Todo el que procure salvar su vida, la perderá;
 y todo el que la pierda, la salvará.